06 noviembre 2006

¿De quién es la cultura?

Buscando información sobre Jeff Tweedy después de enterarme de que viene por Madrid, he ido a dar con el siguiente vídeo de Lawrence Lessig:



Para que practiquéis un poquito el inglés.

25 octubre 2006

Tests inútiles

Perdiendo el tiempo por la página de Rinzewind, aparte de apasionantes debates como Cola Cao vs. Nesquik (que viva el Cola Cao, por cierto), me di de bruces con otro test estúpido para hacer por internet: mide tu grado de autismo. Así que, siendo como soy una persona con un nivel de autismo considerable, no pude evitar lanzarme a hacerlo. Los resultados fueron decepcionantes: soy prácticamente una persona normal. Evidentemente, debe haber algún error.

11 octubre 2006

Tiembla, Juanjo

No pensaba publicar nunca esto ya que no es más que una chorrada hecha en época de exámenes para distraerme un poco pero, viendo cómo está el patio, en el que a cualquiera le pagan por dibujar monigotes sin gracia en viñetas sin inteligencia, tampoco tengo un futuro muy negro a pesar de mis evidentes carencias pictóricas.

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06 octubre 2006

El ritmo del juego

Una tarde de finales de verano. Acabo de salir de un examen de la asignatura x de una Ingeniería en Pito del Sereno. El ejercicio era tan aburrido que hasta el profesor daba descomunales bostezos con cadencia rítmica: un infierno de geometrías retorcidas, integrales triples, laplacianos y demás ralea en la que nada se simplificaba. Había intentado estudiar, pero los apuntes eran tan plomizos que me entró la típica irrefrenable vena literaria de los días de estudio: tenía cientos de cosas de escribir y cada vez que levantaba la vista de la mesa encontraba un montón de libros interesantes que leer. A trancas y barrancas conseguí avanzar por el temario hasta el día del examen. No iba con una excelente preparación, aunque sí con unos conocimientos suficientes para aprobar sin problemas. O eso creía.

Aquellas cuatro hojas eran una tortura. Tres horas escalando el K2, asegurando punto a punto, notando cada vez más la falta de oxígeno. ¿Desde cuándo era ése el centro de mi vida? ¿En qué momento la lectura, la música, la conversación han pasado a ser algo secundario? ¿Para qué coño quería ser ingeniero? Al menos cinco años de dura carrera para llegar a un duro mercado laboral con sueldos a la baja. ¿Y para qué? ¿Para qué?

Salgo de la Escuela hundido, con la sensación de estar atrapado en una vida absurda. Sin ambargo, parece que nadie se ha dado cuenta aquí fuera. Es más, diría que al responsable se la ha ido la mano con la paleta de colores: el cielo azul intenso, completamente despejado; árboles frondosos de un verde brillante; hasta el ladrillo de los edificios parece más naranja que de costumbre. El sol roza cálidamente mi piel. Sí, aquí fuera es verano. Me enchufo los cascos intentando encontrar la respuesta a mis dudas en una canción, pero hoy ni eso es consuelo.

De un parquecillo lateral surge una chica que camina unos metros por delante de mí. Lleva blusa azul y una ligera falda blanca larga. Camina, y con cada paso de su cimbreante cadera la falda se sacude, oscilando suave y firmemente. Un, dos, un, dos. Su falda marca el ritmo de la música, del murmullo de los árboles. Todo el mundo, durante unos segundos mágicos, late en armonía al ritmo de sus caderas. No hay más preguntas.

03 octubre 2006

Tanto rollo con el infierno

Lo juro por Maxwell. De verdad que había vuelto con ganas de darle un poco de vida al blog, pero el asunto se ha puesto realmente complicado. Sé que no es excusa, porque con un poco de organización debería darme tiempo a cumplir con mis obligaciones y tener algo de tiempo para mis tonterías. Sin embargo, fijaros si está mal el tema que no pude ir al concierto de Mogwai del domingo pasado, decisión de la que me arrepentiré por los siglos de los siglos, o al menos hasta que vuelvan a tocar por aquí.

¿La causa de esta pena? Me encuentro ante las mismísimas fauces del infierno y cada día es una lucha por no caer en ellas y ser deglutido. Otras personas lo llaman “primer cuatrimestre de tercero de teleco” para suavizar un poco, aunque viene a ser lo mismo. Sobre todo si se suma el factor “no he hecho una mierda de libre elección” y se decide hacer nada menos que 16 créditos de dicho formato. Con dos cojones. Resultado: diez asignaturas de las cuales hay que llevar al día nueve bajo la amenaza de la evaluación continua. Y la fiesta no ha hecho más que empezar.

Dicen que el comienzo de cuarto es todavía más divertido, pero con un poco de suerte pongo tierra de por medio y la cosa me pilla en tierras galas haciendo el Oracio Holiveira.

21 septiembre 2006

¿No querías café?

Llevo un par de semanas huyendo del departamento de señales. Me querían clavar un falo de 4,88 centímetros de radio y yo insistía en que no me cabía. Venga, tonto que te va a gustar. Si es que ese no es mi rollo... al final les he convencido para que me dejaran en paz. Ya me las prometía muy felices, creyendo que iba a pasar a la tercera fase a tope de vidas y con una seta, cuando por la espalda se han acercado los del MAT y en un descuido me la han metido doblada. Y, claro, después de toda la dilatación previa y la vaselina que llevaba encima el asunto ha entrado causando dolor pero sin grandes dificultades.

Mientras no venga Chuck Norris y me quite lo bailao...

11 septiembre 2006

El regreso

Sé que os he tenido completamente abandonados desde hace más de un mes. Unas veces por imposibilidad, otras por desidia, otras por tener asuntos más urgentes que atender, el caso es que no publico nada desde principios de agosto. Pero ya me reincorporo.

Empiezo anunciando la creación de un nuevo blog, abierto a la colaboración de otros indeseables, dedicado al egregio Juanjo Sáez:

No es nada personal. O sí. Este verano, tuvimos la suerte de conocer el trabajo del reputado dibujante underground de la escena barcelonesa gracias a su participación el la Revista de Agosto de El País. Durante todos y cada uno de los 31 días del mes, gasté unos segundos de mi tiempo en la viñeta de Juanjo Saéz. No empezó con muy buen pie, pero no perdí la fe y, cada uno de esos días, esperé encontrar algo mejor. No era humor, no era inteligente, no ofrecía una prespectiva perspectiva distina, no hacía reflexionar. ¿De qué rayos iba aquello?

La respuesta, intentaremos encontrarla poco a poco.

08 agosto 2006

Wintel

En estos tiempos de alianzas AMD-Ati, las dos grandes del sector no se podían quedar con los brazos cruzados. Hace tiempo se hablaba de la plataforma "de facto" que formaban Microsoft e Intel. Ahora, tras años de desarrollo conjunto en secreto, por fin se puede observar el fruto de tanto esfuerzo: una maravillosa obra de ingeniería que revolucionará el mundo de las TIC. Y eso que es sólo una primera versión del prototipo.


Señoras y señores: en exclusiva, para todos ustedes, el futuro, hoy:

Wintel

Capital

- Joder, macho, menudo calor: no he pegado ojo en toda la noche.
- Pues yo he dormido como un tronco.
- Nos ha jodido, con aire acondicionado...
- Bueno...
- Pero es que luego de día es peor. Un puto ventilador para toda la casa. Tú al menos tienes piscina y te puedes poner en remojo cuando quieras.
- Bah, al final la piscina tampoco la usas tanto como crees.
- ¿Qué, te pasas el día en casa con el aire?
- No. Me gusta salir a navegar.
- Ya, claro. El yate. Si yo tuviera un yate...
- No te creas que lo disfrutas tanto: que si revisiones, que si llenar el depósito, que si la mujer se marea... y luego a ver qué haces con él en invierno, que es una pasta.
- Hombre, yo creo que compensa.
- Psé. Hay que saber despreciar las cosas en su justa medida.

06 agosto 2006

Noches locas y mañanitas tristes

A media tarde llamé a Juani y le dije, poco más o menos, que me llevara "where there's music and there's people who are young and alive (...) because I want to see people and I want to see lights (...) take me anywhere, I don't care", que se me acaba esta breve etapa de estar solo en casa. El hombre cumplió y nos arrastramos por diversos tugurios cuya existencia desconocía -y hacía bien-, con los resultados habituales de embriaguez y retorno a casa con las manos vacías -siempre queda la posibilidad de ocuparlas uno mismo-.
De vuelta a casa he recogido el periódico y he realizado una primera lectura mientras en la tele alternaba entre una película de Lucky Luke y un capítulo de Oliver y Benji y desayunaba por segunda vez. El estómago rugía.
Me he despertado como si llevara una semana andando por el desierto con una cantimplora. Entregado a la reposición de líquidos he puesto la fórmula 1. Llovía. He preparado un tercer desayuno que tampoco ha conseguido asentarme las tripas. Me la he meneado viendo la maravillosa remontada de Alonso, pero cuando ya lo tenía a punto, a Raikkonen se le ha cruzado un cable y ha dejado de llover, sin que ambos hechos tengan conexión aparente. Al menos De la Rosa segundo. Intento hacer algo tranquilo, pero en la cabeza tengo un circo de tres pistas con un funámbulo domando leones. Así que he acabado con más tele: la selección dándole cera a Argentina. Baloncesto, claro, no fútbol. Luego me he duchado a ver si mejoraba algo; tampoco ha surtido gran efecto: el cuerpo necesitará otra noche de reposo para recuperarse.
Juro solemnemente que voy a dejar el DYC por otros whiskies más decentes.

04 agosto 2006

Crónicas de Benicàssim (I)

Disclaimer: Esto es una obra de ficción. Cualquier parecido con personas o hechos reales es pura coincidencia. Por supuesto, yo no soy yo. O yo no es yo. Yo es el que firma los artículos.


Día -1

La noche anterior a la partida me quedo escribiendo una carta hasta las tantas de la madrugada y me rebano la yema del dedo plegándola. ¿Tiene esto interés para el lector? Lo dudo. Pero puede servir como introducción desconcertante. Y no veáis cómo escocía la herida, tanto física como espiritualmente.

Día 0

A pesar de que el autobús sale a las doce, casi lo pierdo. Llego sudando después de media hora de carreras por la calle y los pasillos del metro para conseguir subirme un par de minutos antes de que cerraran las puertas. En mi asiento hay una chica bastante guapa; trato de explicárselo -que se ha sentado en mi sitio, no lo buena que está; supongo que es plenamente consciente de lo segundo- lo más educadamente que puedo, aún sin resuello y con goterones resbalando por mi frente. Ella se quita disculpándose, como no había nadie... y se va un par de filas más allá, dejándome dos asientos para mí; sin compañía en un viaje de seis horas. No sé si aguantaré tanto tiempo callado. Da igual. El autobús arranca y ya nada puede separarme del FIB. Mierda, me he olvidado de echar la carta.

Al filo de las seis de la tarde desembarco en Benicàssim y en apenas una hora consigo llegar a mi camping. Ya tengo la tienda plantada, y bebida para ponernos a tono. Entre montar el toldo que he llevado, organizar un poco las cosas y trago va, trago viene, nos perdemos al Señor Mostaza, y mira que unos cuantos teníamos ganas de verle en directo. En vista de que, con permiso de Tom Verlaine, no hay ninguna actuación interesante hasta los Sunday Drivers, pasada la medianoche, decidimos reservar fuerzas y seguirnos tajando tranquilamente mientras se pone el sol. Y aún llegaríamos apurados a los toledanos. Como todavía no he canjeado la entrada por la pulsera, Juani y yo nos adelantamos, temiendo que haya cola. O esa era la excusa. Consigo pulsera en un par de minutos y, después de esperar infructuosamente a que lleguen los demás, dejamos, con gran dolor para el corazón y alivio para nuestros hígados, la mitad del alcohol en la puerta para pasar a los diez minutos de concierto. Llegamos mientras entonan Only In The Dark Days, sorprendiéndonos con el acompañamiento de la orquesta de cuerda. Concierto correcto, sin mayor novedad, con su Little Heart Attacks malamente coreado por el público -es lo que tienen estos macrofestivales llenos de guiris que desconocen la cultura local- y On My Mind como colofón. Aprovechamos el final para reintegrarnos en la vida grupal y conocer un poco el recinto; en particular, los baños y dónde conseguir cerveza. De nuevo hay tiempo muerto hasta que toquen Scissor Sisters a las tres de la madrugada, empleado en mantener la zorra -que a estas alturas es considerable- y tomar contacto con la pista pop, refugio de buena música.

Nos volvemos a separar Juani, el Canario y yo para ver a las hermanas, que han colgado unas gigantescas tijeras luminosas en el escenario con las que amenazan destrozarnos. Afortunadamente es así, y bailamos imparables tema tras tema. Mediado el concierto, ya se le ha acercado una inglesa a Juani: rubia, metro setenta... por metro setenta; realmente poco agraciada. El resto nos burlamos sin mucho disimulo mientras él le da largas diplomáticamente. Poco después noto que alguien me toca el pelo. Me vuelvo esperando encontrar a cualquier conocido que me haya localizado por mis rizos, pero resulta que es una guiri subida a hombros de un calvo. Sonrío y sigo bailando. Quizá fue un simple roce en pleno éxtasis danzante. Pero no, segundos más tarde me acaricia el pelo y el calvo me asegura que le gusta mi pelo. Que a ella le gusta mi pelo, quiero decir;el alopécico no llegó a manifestarme su opinión. La miro con nuevos ojos y, tal vez sea la descomunal curda que he estado trabajando, parece que la chica está bastante bien hecha. Medidas normales, dos ojos, dos agujeros en la nariz, la cantidad de apéndices y extremidades que caben esperar -ni menos ni, juraría, tampoco más-. El calvo vuelve a interceder y dice que le molo. She fancies you. Según el diccionario de Cambridge: “MAINLY UK INFORMAL to be sexually attracted to someone”, la frase no tiene muchas interpretaciones. Sólo dos: o la guiri me quiere truñir o el calvo me está vacilando. Tranquilo, será lo segundo. Sin embargo la chica desciende al nivel del suelo y acaba bailando a mi lado. Mis amigos han desaparecido del horizonte. ¿Es hora de meterle mano? ¿Aunque sólo sea un poquito? Hasta ahora ella ha llevado la iniciativa... cualquier persona sensata acabaría la frase con “...así que ya es hora de que dé yo un paso al frente”; en cambio, mi razonamiento dice “... y la cosa tiene buena pinta, así que puede seguir llevándola ella”. Inmerso en estas cuestiones filosóficas, Scissor Sisters se ponen a asesinar el Comfortably Numb de Pink Floyd y, cegado por la alegría, me voy a abrazar a Juani en una rápida escaramuza y vuelvo a mi posición. Me reconcilio con la canción. También me doy cuenta de que estoy demasiado cocido para mantener una conversación con un mínimo de coherencia. No digamos ya en inglés.

Acaba el concierto y voy a ver qué hacen las amistades. ¿Nos vamos? La gente comienza a retirarse, de modo que intento volver con mi inglesa a aclarar definitivamente el asunto. Sin embargo, otro síntoma del lamentable estado etílico agudizado por las altas horas de la noche: soy incapaz de distinguir un elefante a dos metros; no digamos ya una sílfide como la que yo estoy buscando. Adiós a la traca final de fin de fiesta. Quién sabe, quizá sea esa morena que hay cerca de un calvo besando a un maromo descomunal; quizá dejé a la mujer destrozada, con dos palmos de narices cuando creía que ya me tenía en el bote. Desde luego, no era mi intención.

Viendo que por ese frente tengo poco futuro, vuelvo a encontrarme con quienes no me van a dejar tirado. Otra ración de pista de baile, hasta que ya no nos aguanta el cuerpo y nos vamos a dormirla al campamento. Casi las seis de la madrugada. Tropiezo con cada viento que se interpone en mi camino. En nuestra tienda Saleroso IV nos da la bienvenida relinchando.

01 agosto 2006

El amo de casa

Esta semana y media que he conseguido quedarme solo en casa no está siendo tan productiva como esperaba. Ni leo, ni escribo, ni estudio tanto como pretendía. Sí he superado las cotas de pantalla: he terminado la segunda temporada de Lost y he visto unas cuantas buenas películas. El resto del tiempo lo pierdo de formas mucho más insustanciales.
Sin embargo, hacerme cargo del hogar durante un tiempo me ha permitido reencontrarme con las tareas domésticas. Para muchos son un suplicio, y quizá lo acabaría siendo también para mí si tuviera que realizarlas a lo largo de todo el año, pero yo no puedo evitar encontrarles cierto grado gratificante.
En primer lugar, porque no vienen impuestas. Nadie te obliga a limpiar tu habitación o hacer la compra, sino que eres tú el que encuentra el equilibrio, el punto en que pasar el aspirador es mejor que revolcarse en la mierda; el día que prefieres ir a por comida al mercado a una hora decente, después de haber probado todos los servicios de comida a domicilio del barrio; ese terrible momento en el que descubres que los calzoncillos, una vez usados, no vuelven a aparecer limpios en tu cajón por sí mismos y tienes que enfrentarte a la titánica tarea de hacer la colada. Todo depende de tu nivel de higiene, de la resistencia de tu estómago a la comida basura, del número de veces que le puedas dar la vuelta a los gallumbos -creo que la RAE todavía no se ha pronunciado sobre la ortografía de esta palabra, y Google ofrece resultados bastante parejos-. Todo suficientemente subjetivo.
Así, puesto que emprendes la tarea de buen grado, no hay razón para que no sea agradable. Vas al súper cuando quieres, empleas el tiempo necesario y compras lo que te apetece comer. En cuanto a los quehaceres puramente hogareños, todo se hace más fácil con un poco de música. Aprovecha para poner a todo volumen ese disco que te han prestado y no has encontrado el momento de escuchar o aquel otro que llevas tanto sin oír, y prepárate para una sesión de ejercicio moderado que te permitirá seguir las canciones sin problemas. Hasta puedes bailar agarrado a la fregona o a la plancha que nadie te mirará raro.
Además, cuando acabas te sientes a gusto contigo mismo, con la satisfacción del deber cumplido y mucho más limpio. El efecto puede ser tan reparador como una ducha. Al final estas cuestiones de higiene son beneficiosas para la autoestima y el placer personal, más allá de la cruda necesidad.

04 julio 2006

La ciudad del viento

Pues sí, señores. Si nada sale mal, esta noche desembarco en la ciudad del viento y duermo arrullado por los grillos y el mar. Un par de semanas de relax en la isla, con cura de desintoxicación incluida: sólo mar, arena, libros y material para escribir en papel (ya apenas recuerdo qué era eso).
Siento dejaros desamparados tanto tiempo. Sois fuertes y sabréis apañároslas sin mí. Os iba a dejar un tocho con recomendaciones veraniegas, pero Telefonica me odia y me ha dejado sin conexión todo el día así que, por ahora, os libráis.
Pasadlo bien.

29 junio 2006

Festivales de verano (II): Sonorama

Por fin se publica el cartel "definitivo" (parece que aún cabe alguna sorpresilla) del , un festival que se ha ido abriendo paso en los últimos años a base de traer buenos grupos a un precio irrisorio. Y este año no defraudan: por menos de la tercera parte de, por ejemplo, el FIB, consiguen dos días de actuaciones de calidad, con una cierta mezcla entre grupos emergentes y consagrados, pero siempre grupos de los que has oído hablar. No como el de este año -qué manía comparatoria- que tiene unos cabezas de cartel impresionantes y luego un insondable vacío. Y eso que, poco a poco, ha ido añadiendo una segunda fila algo más aceptable con nombres como Manta Ray, Nada Surf o Babyshambles. Por supuesto, iré a Benicàssim; no voy a ser coherente con mis opiniones.
Sin embargo, hablábamos del festival de Aranda de Duero. Hay artistas españoles tan atractivos como Iván Ferreiro, Nacho Vegas, Lori Meyers y Maga; también foráneos de la talla de de Asian Dub Foundation, Yeah Yeah Yeahs o Babasónicos, por citar los que más me llaman la atención. Todo ello por 45€ de nada (y eran 35 ¡treinta y cinco! hasta el primero de junio). A ver si consigo convencer a algún loco para pasar un agradable fin de semana de agosto en un pueblo de Castilla.

26 junio 2006

El criticón

El viernes pasado, como estaba anunciado, actuaron los Fast Drink Boys en Aranjuez. Así que me fui para allá, a pesar de la distancia y el cansancio mortal de tantos exámenes y de haberlos acabado aquella misma mañana. Fijaos si estaba cansado que, en lugar de ver a la selección española, me eché la siesta. Con lo que a mí me gusta el fútbol. El caso es que al caer la tarde estábamos dando vueltas por Arancity buscando el tugurio donde tocaban.

Unas copas después, con media hora de retraso, como los profesionales, el cantarrista se subió al escenario para desgranarnos sus mejores composiciones. Cualquier persona en su sano juicio saldría del paso con un par de halagos superficiales y poco comprometedores, pero parece que, a costa de practicar -y exigir- cierta honestidad brutal, me toca el papel de House y he de ser sincero. Manos a la obra. Me sorprendió realmente el tono llorón de las canciones. Ahora entiendo mejor algunas de las inclinaciones musicales de Juani; y me lleva a insistirle en que escuche a Leonard Cohen, llorón sobón por excelencia. La letra de la canciones me costó realmente seguirla, tan solo capté algún fragmento de algo parecido al inglés entre ululares y fonemas inconexos. El sonido del sitio tampoco ayudaba mucho. Y, una vez repartidos los palos que se esperaban, solo me queda decir que me gustó, siendo una escucha tan mediocre. Las canciones estaban bien elaboradas, tenían distintos matices y llegaban. Quizá en algún momento abusaba de los mencionados ululares, pero también puede ser debido a la pobre ecualización.

Cantarrista

Uno, al que le gusta la música pero es incapaz de crear nada, aprecia el valor que tiene. Más todavía subirse (sí, hombre, subirse ahí arriba) y defenderlo. No como estas chorradas que uno escribe desde la seguridad del teclado, sin ver la cara del que lee. Quizá nos podamos asociar: yo escribo letras en la sombra y el las canta. No creo. Nunca he tenido sentido del ritmo como para hacer poesía. De crear figuras mejor ni hablamos. Volvamos, que me desvío mucho. Soy tan egocéntrico que me pongo a criticar a otros y acabo hablando de mí.

Acabó el artista invitado con una creación psicodélica digna de cualquier auténtico artista suficientemente drogado. La atmósfera quedó algo melancólica después de ver al hombre exhibiendo su corazoncito y otros órganos en el escenario. Sin embargo, era noche de fiesta, de drogas y rock and roll. Al poco, como sin querer, empezaron a sonar los acordes de Where is my mind?, mientras los miembros de Fast Drink Boys iban subiendo de uno en uno a la tarima en una cuidada puesta en escena. Qué bien suenan los Pixies con seis cuerdas y un cantante. Desgranaron todo un repertorio de grandes canciones de ayer y hoy, de Berry a Interpol, de los Ramones a los Strokes. Y con la colaboración especial de Alejandro versionando a los Doors. Esta vez hubo bis y todo para llegar a un total, si no me fallan las cuentas, de catorce canciones que el público asistente bailó y coreó entregado.


Intensidad

Ah, las fotos no es que estén movidas, es que soy así de guay.

24 junio 2006

Vera

Does anybody here remember Vera Lynn?
Remember how she said that
We would meet again
Some sunny day?
Vera! Vera!
What has become of you?
Does anybody else here
Feel the way I do?

Pink Floyd, claro.

18 junio 2006

Fast Drink Boys en concierto

El próximo viernes 23 de junio actuarán The Fast Drink Boys (adónde piensan ir con semejante nombre) en El Laurel de Baco (C/ Eras, Aranjuez). Buen rock&roll de ayer y hoy en un concierto que promete marcar el inicio de una nueva época. Por lo menos, el comienzo del verano.
Y para calentar el ambiente, nada menos que Juani con su guitarra. No se lo pierdan. Venga, hombre, que invito a una ronda.

16 junio 2006

Verano

Últimamente no tengo "tiempo ni dinero, ni huevos, ni sentido del humor" para sentarme a escribir. Bueno, dinero y ganas sí que hay, lo que escasea es el resto. ¿Alguien tiene media docena de huevos?
Para disimular un poco y celebrar tan magna fecha tiraremos de hemeroteca, publicando uno de esos grandes éxitos de ayer y hoy, nunca antes publicado en Internet. El relato tiene más de dos años, pero es de los pocos que leo después de un cierto distanciamiento y no me arrepiento de cada coma, cada adjetivo, cada oración adversativa. Sólo de unas cuantas. También encuentro un par de frases que podrían tener cierto valor. Al turrón: señoras y señores, con todos ustedes:

Verano

Aquel año el verano había empezado pronto. Allí estaba él, con unos pantalones que se le pegaban al cuerpo a causa del sudor y que no podía evitar pisar al andar. Había salido por aquel barrio con la ilusión de encontrarla y fingir un encuentro casual. Le había costado grandes esfuerzos llevar a la pandilla hasta allí y por eso, cuando decidieron irse a otra parte, él, que ya había perdido la esperanza de verla, dijo que no, que se iría casa, que no se encontraba bien. Y era cierto: tenía un nudo en el estómago, y una profunda desazón en el corazón, que latía de forma irregular.

El eco de sus pasos en la noche madrileña era su única compañía. Siempre le había gustado caminar, y aquella calidez de los primeros días de junio invitaba a disfrutar de la noche. Su pensamiento voló lejos, hasta imaginar qué hubiera pasado de haberla encontrado. Inconscientemente, aceleraba la cadencia de zancada. Hola. Hola ¿qué haces tú por aquí? Pues es que había venido con unos amigos por aquí a tomar algo y tal... pero al final se han cansado y yo... eh, bueno, el caso es que he decido volverme a casa... No le iban a dar un Nobel por semejante disertación, pero era mejor que quedarse callado, como la última vez.

Últimamente siempre había una última vez de la que arrepentirse. Arrepentirse, no de lo que había hecho o dicho, sino de lo que había dejado de hacer o de decir. Y entonces se repetía que la próxima vez no podía cometer el mismo error, que, aunque fuera una estupidez, tenía que decir algo… ¿Qué haces por aquí? Es que habíamos venido buscando un bar para tomar algo, pero no hemos encontrado el que pretendíamos y los demás se han ido para otro lado y yo me he vuelto a casa. Aquello ya iba teniendo algo más de sentido. No era una virguería lingüística, pero al menos no estaba plagada de inconexiones.

Era increíble la capacidad de aquella chica para desconcertarle. Cierto que nunca había tenido una gran facilidad de palabra, pero es que su sola presencia le hacía temblar de la cabeza a los pies y le entorpecía la lengua como un frío polar; en su mente, de natural racional, las ideas entrechocaban y rebotaban, confundiéndose, saturándola, haciendo imposible expresar cualquiera de ellas, pues no había forma de distinguirlas. Solo al cabo de un rato conseguía ordenarlas y ver que sí, que tenían sentido, y que no, no eran tan absurdas. Al menos, no tan absurdas como quedarse mirándola, fijamente, sin abrir la boca, después de estar todo el día deseando que se acercara para poder entablar conversación sin levantar sospechas. ¿Sospechas? ¿Qué sospechas? ¿Y qué si sospechaba? Pues mejor. Es más ¿Cómo podría ella no imaginar nada? Aquella fijeza en la mirada, aquella predisposición a realizar todos sus deseos, aquella forma de quedarse callado, tan diferente a las demás… ¿Sería ella capaz de percibir estas sutilezas? Le sonaba haber leído algo acerca de “la química del amor”; todas aquellas moléculas por ahí pululando tenían que ser percibidas por la persona que las provocaba de alguna manera; aunque fuera algo muy primitivo, casi animal. Y si no, siempre quedaba el instinto femenino, aunque eso sí que escapaba completamente a su comprensión de hombre. “Hay que ser muy cínico para no enterarse cuando le gustas a alguien”, había oído alguna vez. ¿Quién lo había dicho? Quizá fuese en una película… ¿Qué haces tú por aquí? Buenas noches. Estoy aquí porque había venido a tomar un tentempié con unos amigos en un sitio cercano, pero ellos han decidido irse al centro y, dado que a mí no me apetecía, estaba volviendo a casa dando un paseo…Vaya, el discurso navideño del rey era más divertido.

A decir verdad, su vida en general era bastante aburrida: sin sorpresas, sin grandes emociones… sin actividad apenas: su mayor ocupación era permanecer ocioso. Los días iban deslizándose lenta y dolorosamente, dejando un rastro de baba de caracol a su paso. Hasta que llegó ella. Entonces los días adquirieron sentido. Valía la pena salir de la cálida inconsciencia de la cama para enfrentarse al frío mundo exterior, porque allí vivía ella. Se dio cuenta de que él solo no podía conseguir todo lo necesario, todo lo que quisiera, porque precisamente lo único que de verdad necesitaba estaba fuera, en el lugar donde habitan el resto de las personas. ¿Cómo podía haber estado ciego tanto tiempo? Hacía años que se había encerrado en sí mismo, dispuesto a prescindir del contacto con la gente: no se podía confiar en ellos. Había entrado en su cabeza, atrancado la puerta y cerrado con llave. De vez en cuando se asomaba por la ventana para comprobar el estado de las cosas. Y ahora que quería salir, no encontraba la llave. Había olvidado cómo tratar con la gente, cómo mantener a flote una conversación. Naufragaba irremisiblemente en aquella tarea. Por eso en esta ocasión no podía volver a fallar... ¿Qué haces tú por aquí? Pues había salido a tomar unas tapas, en principio por aquí cerca, pero luego los demás han decidido irse a otra parte y yo, como no tenía un duro, me he vuelto. Aquello estaba bastante bien: sin muchas complicaciones, correcto, concreto... ¿No sería demasiado concreto? Tal vez no estuviera de más explicarse con mayor profundidad.

Desde luego, algo había obviado en su alocución hasta entonces: la sinceridad. En ningún momento había intentado expresar sus verdaderas motivaciones: no volvía a casa porque los otros se fueran a ir lejos, ni porque, cosa extraña, anduviera sin dinero. No. Regresaba porque, realmente, la única razón para salir de casa aquella noche era encontrarla a ella, poder contemplarla otra vez, embriagarse con su aroma, sentir aquel vértigo tan parecido a la felicidad... Pero todos estos posibles placeres habían desaparecido del horizonte. Solo quedaba regresar a casa y consolarse con sus recuerdos. ¿Qué haces tú por aquí? Te estaba buscando, contestaba él con voz grave mientras desplegaba una sonrisa seductora, irresistible. Ella no tenía más remedio que bajar la vista, azorada. ¡Oh, qué hermosa estaba cuando adoptaba aquella actitud del niño que ha sido sorprendido en una travesura! De pronto, el relámpago de una resolución cruzaba sus ojos, y se acercaba hasta él: pues aquí me tienes, y se acercaba más, tanto que él podía sentir su pulso, y lo miraba con picardía pero con dulzura y...

El bocinazo del coche le devolvió a la realidad. Ni él era un galán de Hollywood, ni aquello era una película sino en su cabeza; ella estaba a años luz de arrojarse en sus brazos.

Abstraído en sus elucubraciones, no se había fijado en el camino que tomaba. Sin embargo, a pesar de algunos rodeos, sus pasos le habían llevado a la calle de aquella en torno a quien giraba su pensamiento. Titubeó antes de decidirse a entrar. Era una calle igual que las aledañas, con sus aceras grises, casas apiñadas, pintadas todas de modo uniforme, coches a ambos lados. No se veía un alma. Podía tomar ésta como podía tomar la siguiente, o la anterior. ¡Qué demonios! Ya que había ido hasta allí, continuaría por la misma ruta. Haciendo sus vacilaciones a un lado, reanudó la marcha.

Los números iban aumentando lenta y cautelosamente. Nueve, once, trece... Desde la acera de los pares, vigilaba con recelo el otro lado. Quince, diecisiete, diecinueve... Ya se acercaba al final de la calle. Veintiuno, veintitrés... Por fin vio el ansiado portal. Lo miraba con cierta veneración. No dejaba de tener algo místico aquella cavidad oscura frente a la que había pasado tantas veces sin llegar a adentrarse. Lo miraba y se imaginaba a sí mismo saliendo, alegre, o despidiéndose de ella tras acompañarla a casa.

Por absurdo que resulte, buscaba algún indicio de que ella hubiera regresado ya. No sabía en qué piso vivía, así que fijarse en las luces no servía de nada. En cualquier caso, podía certificar que no estaba asomada a ninguna ventana, pues la habría visto. Se le ocurrió pensar que, como en el palacio de Buckingham, podrían izar la bandera cuando la reina estuviera dentro. ¡Menuda tontería! Se rió de sí, quedo. No... nadie sabía que él la había nombrado reina, aunque las hubiera más altas, más puras; nadie veía su corona de cristal. ¡Cuánta razón llevaba Neruda!

De pronto, le asaltó una idea que le levantó el ánimo: ella podía tanto haber llegado ya como estar todavía en camino. Dado que no había ninguna señal que inclinase la balanza hacia una de las dos opciones, las posibilidades bien podían ser las mismas. Fifty-fifty. Algo menos pesimista, cruzó al portal. Una puerta de hierro, sólida; entre los barrotes y a través del cristal creyó distinguir los buzones (¿tendría ella correo?); al fondo arrancaba una escalera. No había nadie.

Volvió a ponerse en movimiento; no estaba como para quedarse rondando. Aquello sí que hubiera necesitado explicaciones que él no estaba capacitado para dar. De repente, según se acercaba a la esquina del extremo de la calle, supo que ella bajaba, dirigiéndose hacia la misma esquina desde el otro lado. La palabra exacta, más que presentimiento, era presciencia. No, no era una invención más de su viva imaginación. Supo, antes de llegar a la esquina, que ella giraba en el mismo instante que él y sus cuerpos se encontraban. Nunca antes se había anticipado al futuro de aquella manera. No se detuvo. Siguió caminando, veloz, temiendo el golpe pero al mismo tiempo ansiándolo. Preparó su cuerpo para el encontronazo, y ya estaba ideando una disculpa cuando dobló la esquina, con los ojos cerrados ante la inminente colisión.

Nada. Desconcertado, abrió los ojos. ¿Le habría esquivado a tiempo? Ninguna persona aparecía en su campo de visión. Aguzó el oído. Definitivamente, estaba solo. Tendría que desarrollar más su “capacidad de presciencia”, pensó, porque como adivino no tenía mucho futuro.


Cabizbundo y meditabajo, perdida toda esperanza de verla, prosiguió en su vuelta a casa. ¿Cómo podría realmente haber creído...? Y sin embargo, por un segundo había estado seguro de encontrarla. ¿Por qué le jugaba su mente esas malas pasadas? Como su ánimo, el camino se hacía cuesta arriba.

Pasaba por detrás de una parada de autobús, cuando al otro lado de la mampara estalló una risa. Aquella risa... ¡Sí, era la suya! Esta vez no había duda, era ella. ¡Tenía que ser ella! Su corazón, aún reponiéndose de la última emoción, redobló en su caja torácica, pugnando por salir. Contuvo el aliento. ¿Y si de nuevo se equivocaba? Al fin y al cabo, todas las risas se parecen; más con lo excitable que estaba aquella noche. Pero habría jurado que... No quedaba sino seguir andando y despejar las dudas.

Pasó la parada y giró la cabeza.

-¡Pero bueno! ¿Qué haces tú por aquí?

Allí estaba ella. Vaya si estaba. Más guapa que nunca, con el pelo negro cayéndole sobre los hombros desnudos, apenas una camiseta de tirantes. Y con su sonrisa. Pero lo que realmente había desconcertado a nuestro hombre no había sido aquella visión, ni tan siquiera aquella imprevista pregunta; era que la pregunta provenía de otros labios, otra voz. Entonces se fijó: no estaba sola. Le acompañaba una chica. Más bien debía ser al revés: ella acompañaba a su amiga, a la espera de que llegase el autobús. Se fijó más detenidamente: la conocía.

- ¿Qué haces tú por aquí?- la pregunta aún estaba en el aire-.

- Bien -pensó con una sonrisilla de autosuficiencia-, ésta me la sé. Pues es que estaba con unos amigos...

Inexplicablemente, las palabras, tercas, se negaban a salir de su boca. Tan solo aquella media sonrisa que parecía decir “¿De verdad os lo tengo que explicar? Las dos lo sabéis de sobra”. Daba igual, tenía que decir algo. Cualquiera de las contestaciones pensadas por el camino valdría. Vamos, no podía ser tan complicado. La gente se pasa el día hablando ¿qué se lo impedía a él?

Pero, viendo que no obtenía respuesta, la amiga volvió a la carga antes de que él abriera la boca:

-¿Por qué no has venido con nosotras a la piscina?

¡Rayos! ¿Cómo iba él a saber que iban a la piscina si no le avisaban?

-Bueno, es que estaba en mi casa... -vamos piensa algo, se apremiaba-.

El problema era que no tenía razones para no ir; simplemente, no había ido porque no sabía que ellas fueran. De haberlo sabido, se hubiera presentado corriendo. Oye, algo así está bien, dilo.

- No sé –dijo-.

¿Qué? Perfecto, no sabes. La próxima vez que vayáis a ir avisadme, que no me cuesta nada acercarme, quiso decir. Pero todo lo que hizo su cuerpo fue aumentar aquella sonrisa idiota mientras la miraba, hipnotizado. Ella le devolvió la sonrisa. Él, deslumbrado, dio un pasito atrás que la amiga interpretó como un intento de retirada, ofreciéndole la huida:

- Bueno, pues nada, hasta… bueno, vas a la cena del viernes ¿no?

- Sí –afirmó, no supo si de viva voz o únicamente con la cabeza. Aunque antes hay que ir a ver las notas, así que me parece que nos veremos antes, agregó mentalmente-.

- Pues ya nos veremos –y, como si le hubiera leído el pensamiento, añadió-. Bueno, hay que mirar antes las notas.

Esta vez no fue capaz ni de afirmar con la cabeza. Su mente estaba completamente en blanco. Todas las ideas habían abandonado su cabeza, como las ratas huyen del barco que se va a hundir. Había vuelto a naufragar, sin una sola tabla a la que agarrarse. No había manera de seguir a flote.

- Hasta el viernes –se despidió la amiga-.

- Hasta luego –balbució él acompañándose de un ademán con la barbilla-.

- Hasta luego –dijo ella, despegando los labios por vez primera-.

Terminada la conversación, se dio la vuelta, dispuesto a continuar su camino a casa. Nada más girarse, la sangre volvió a circular por sus venas. ¿Cómo podía haber fallado? Si llevaba media hora planeándolo. Quizás la presencia de la amiga me desconcertó, intentaba justificarse. Dio un paso. No, aquello no era justificación suficiente. ¿Y si se daba la vuelta y lo arreglaba? Volvería a quedarse paralizado. Dio otro paso. Oyó una voz que decía “¡Imbécil!”. No se sabe si la voz provenía de su espalda o de su interior. Pero pensó que tenía razón.

06 junio 2006

Evil

Día 6 del mes 6 del año 6 del segundo milenio. Diabólico día para hacer un examen, con un calor infernal. Afortunadamente, los profesores de Fundamentos de Ordenadores se han portado y no han preguntado esta vez por cómo llevar misioneros y caníbales de una orilla a otra del río. No señor. Han sido unos angelitos y sólo han preguntado por cosas relacionadas con la arquitectura de ordenadores. Yo lo he clavado. O casi. O eso creo. La causa de ello puede ser, a saber, a) que el examen era realmente fácil, b) que había estudiado mucho y bien, c) que soy un tipo muy inteligente o, d) que en realidad no me he enterado bien de las preguntas y era tan cabrón como otros años.
Y ahora, trotando a por el siguiente. (Y el siguiente, y el siguiente y el...)

03 junio 2006

Jo, qué noche

La de ayer fue una noche bastante interesante. En primer lugar, por ver a Nacho Vegas en directo. Aunque el concierto se nos hiciera corto, sin un mísero bis, y no tocara Maldición ni GangBang disfrutamos como enanos del repertorio ofrecido.
Segundo, conseguimos concretar las fechas para ir al FIB. Luego no me las toquéis que ya tengo los billetes sacados. Otras cuestiones secundarias (cómo ir, cómo dormir, qué comer, etc.) ya las discutiremos cuando pasen los nubarrones. Por cierto, la zona de acampada la cierran el martes, así que no va a ser posible quedarse mucho tiempo.
Por último, os estuve dando la chapa a los que andabais por allí para que me criticaseis este blog. Alimenta enormemente el ego saber que alguien pierde el tiempo leyéndote. A ver si os dejáis notar un poco en los comentarios, desgraciados. Que sepáis que tomé atenta nota de todas las opiniones vertidas; aunque ahora mismo todo se pierde entre brumas etílicas, de modo que seguiré escribiendo como me dicta el instinto que, según parece, tampoco da tan malos resultados.
Al final, a pesar de todos mis esfuerzos por alejarle de la tentación, Juani se fue con las mellizas Victoria y Soledad -entre las dos no sumaban su edad- y no le volvimos a ver el pelo. Tampoco se lo reprochamos, que así el coche iba más ligero. Luego el hijoputa de Mowgli se puso trascendental y me tuvo hasta las cinco de la madrugada inmerso en confesiones íntimas y conversaciones filosóficas. La cosa acabó porque llegó un punto en el que todo mi esfuerzo se centraba en mantener los ojos abiertos y disimular los bostezos, con lo que perdía definitivamente mi ya disminuida capacidad de réplica.
Así, claro, esta mañana no me levantaba ni el juez. Cuando por fin lo he conseguido, una inexplicable sensación en la cabeza dificultaba enormemente el estudiar. Si luego suspendo es por vuestra culpa. Muchas gracias.

PD: Realmente, esto debería ser un correo o algo similar, pero seguro que esto es más efectivo. De todas formas, no es la idea que el blog se convierta en un lugar de marujeo en el que cuento mi trepidante vida -uno de los títulos que estuve barajando era "Mi vida no resulta interesante"-, sino que siga el tono de sesudos artículos de opinión, ya fuertemente asentado. La verdad es que ni pensaba escribir hoy, pero resulta un buen ejercicio frente a la resaca. Besos.

30 mayo 2006

Gallegos

El viernes, los de Caiga Quien Caiga emitían un reportaje completamente demagogo (hay vídeos en la web), protestando porque el Diccionario de la RAE incluye como acepciones de gallego
5. adj. C. Rica. tonto (ǁ falto de entendimiento o razón).
6. adj. El Salv. tartamudo.
Y, claro, eso es una ofensa para ese pueblo del noroeste de la Península, concretado en la persona de Gonzo. La única reflexión interesante era que los académicos de la lengua, paradójicamente, no hablaran. Una pena cómo se escabullía el director, García de la Concha. Aunque, viendo el poco caso que hacía el reportero a los que opinaban sensatamente ante el micrófono, tampoco se le puede culpar al hombre.
Yo, mientras tanto, cruzaba los dedos para que apareciese Arturo Pérez-Reverte y le dejase la cuestión clara y, ya puesto, le diera un buen repaso. No apareció el escritor en el reportaje, pero este domingo publicaba un artículo sobre el tema diciendo lo que es evidente:
(...) el diccionario, al ser panhispánico, está obligado a dejar constancia de los usos generales, tanto españoles como americanos. Ni crea la lengua, ni puede ocultar la realidad que la lengua representa.
De paso, como es costumbre, deja algún regalito
cuando descuido, ignorancia, demagogia y torpeza se combinan en política, sucede que en ésta, como en la cárcel del pobre don Miguel de Cervantes, toda imbecilidad tiene su asiento.
Es que mira que la gente se llega a poner estúpida hasta la náusea con estas cuestiones del lenguaje. De vez en cuando hay que pararles los pies.

28 mayo 2006

Festivales de verano (I): Indyspensable

La temporada de festivales se nos echa encima y, aunque en rigor todavía estemos en primavera, el próximo fin de semana tenemos la primera cita en la capital: el Indyspensable.
El Indyspensable no es un festival al uso. Más bien, podría pasar por las fiestas patronales de Villaverde: un auditorio que cualquiera confundiría con unas simples canchas de deportes, sin ningún control de acceso, junto a la antigua carretera de Andalucía. Lo que marca la diferencia son los grupos que actúan. Como se puede deducir por el título, no se gastan el presupuesto del distrito en triunfitos y otros éxitos de la temporada, sino en grupos de la escena indie. Empezaron muy fuerte el primer año con El Columpio Asesino, Jet Lag, Maga, Niños Mutantes y Deluxe; el segundo se les jodió un poco con la aparición del Metrorock y ciertas cláusulas de exclusividad. Este año... parece que la cosa está un poco mal: según cuentan los organizadores del Sonorama, se ha desatado una lucha feroz entre festivales por traer a los mejores grupos y, aunque esto no afecta tanto a los que tienen predilección por grupos raritos, se ha notado en que el cartel no se anunció hasta un par de semanas antes del festival. Y tampoco es que me mate el resultado.
La cercanía de los exámenes pone las cosas difíciles, especialmente después de los éxitos cosechados en febrero, pero aun así sacaré tiempo para ir a ver a Nacho Vegas la noche del viernes. Tengo ganas de verle en directo. Y encima gratis.

27 mayo 2006

Tercera sentada por una vivienda digna.

Tras el silencio o escaso seguimiento de las dos primeras sentadas, parece que algún periódico serio (hasta ahora, sólo 20Minutos le había dado publicidad al asunto) dedica algo de espacio a la tercera sentada por una vivienda digna. No sé si sacaré tiempo para ir (¿a quién se le ocurre meterse en estos berenjenales cuando empiezan los exámenes?), pero es una iniciativa interesante. Y no queda tan lejos en mis planes el dejar de gorronear a los padres.
Por supuesto, no dejaré de hacer el típico comentario: la de bombo que le dieron al tema del macrobotellón -declaraciones, columnas de opinión, tertulias en la radio- y el poco caso que le hacen a la juventud cuando no se mete en cosas merecedoras de crítica.
En fin, a ver si pongo a actualizar el Ubuntu, y dejo de perder el tiempo por aquí.

Efemérides

Hace un año Iván Ferreiro daba el primer concierto en Madrid de la gira Tour-nedo con notable éxito de crítica y público. Yo me chupaba la cola del concierto solito mientras mi acompañante me ponía increíbles excusas por el móvil, que estaba en la universidad trabajando y otras cosas nunca vistas. Para darle más verosimilitud, llegó media hora tarde al concierto, más lo que tardó en encontrarme. Afortunadamente, yo aún gastaba unos pelos lo suficientemente llamativos como para ser reconocido a distancia.
Acabada la música, el tío insistió en ir a casa de un colega suyo. Yo, un tipo de lo más sociable, no tuve ningún reparo en ir a una fiesta en la que no conocía a nadie en casa de un desconocido. Llevaba mi camiseta de hacer amigos (la que luzco ahí a la derecha), así que nada podía fallar. Todavía con la primera copa en la mano me preguntan si me gusta Maga y qué opino del segundo disco. Yo hago un comentario tan inteligente que no creen que sea mío. Y eso que no me conocen. Luego dicen algo sobre Nine Inch Nails y yo meto baza como si supiera del tema. Ya los tengo en el bote: se creen que soy una persona con amplia cultura musical -y hasta hoy siguen engañados-. Para compensarlo, digo un par de gilipolleces al servirme la segunda, pero son tan buena gente que hacen caso omiso.
Descubro que mi amigo tiene apodo, Mowgli, aunque después de tantos años llamándole por su nombre cuesta hacerse al cambio.
Juani, el culpable del tinglado, pone a sonar el OK computer de Radiohead y yo le aseguro que es mi grupo favorito, tarareando alguna estrofa para darle más veracidad. Total, debo ir por la tercera... Mowgli saca el tema de un guión para corto que se empeñó en que le escribiera. Resulta que Juani se lo ha leído y no le parece "bien": a pesar de piropearme por pura diplomacia, el tío ha desarrollado una opinión y discutimos un rato algunos aspectos de la trama. Da gusto encontrarse con alguien que te critica.
Antes de agarrarnos una moña tal que no podamos salir por la puerta nos vamos al centro. Seguimos la fiesta en la Plaza de Santa Ana, bebiendo, charlando y cantando. Acabado el combustible, por razones que aún no alcanzo a comprender, vamos a dar con nuestros huesos en el Black Jack. Intento abstraerme de la música infernal para bailar concentrado en un maravilloso par de tetas que flotan cerca, pero el nivel de alcohol en sangre está descendiendo por debajo de los niveles recomendados y no me apetece reponerlo a base de garrafón. Decido que me voy. Le digo a Mowgli que me voy. Media hora después le digo a Juani que me voy. No parece enterarse, así que espero cinco minutos y le repito que me marcho. Ahora sí ha hecho efecto: el hombre se da la vuelta envuelto en lágrimas y, entre efusivos abrazos, me hace prometerle que nos volveremos a ver. Claro que sí. En algún lugar del tiempo. El resto del grupo también se conmociona con el anuncio: a duras penas consiguen seguir la fiesta sin mí.
En Cibeles hace cinco minutos que ha pasado el último búho. Media hora hasta que abra el metro, una hasta el primer autobús. Como no me gusta estar parado, decido ir caminando. Mientras ando, voy recordando la noche, intentando asimilar lo ocurrido, asociar caras con nombres que se difuminan entre vapores etílicos. No todas las noches te regalan un grupo de amigos tan completo y bien hecho. Cuando abrazo la última farola antes de enfilar el portal de mi casa, el sol despunta en el horizonte.

21 mayo 2006

Eurovisión

Sorpresa en la tele. Anda la gente del sector revuelta porque el Festival de Eurovisión de este año ha ido a parar a Finlandia, que nunca se había comido una rosca en esto, y precisamente cuando presentan un grupo estrafalario de heavy o algo así. Unos tipos más disfrazados que los extras de El Señor de los Anillos que en lugar de darse al pop más banal y comercial se decantan por el rock duro. Pues ole.
No he escuchado la canción ni he visto más imágenes que las aparecidas en algún medio de comunicación, pero eso es lo de menos. Olé sus huevos. Los suyos y los de los finlandeses que se atrevieron a llevarlos. Por fin alguien apuesta por hacer algo diferente en lugar de presentar el mismo producto que todos. No sé si son buenos o malos, si la puesta en escena, además de agresiva, era efectiva; sólo sé que eran algo distinto, que se salía de lo habitual y que, seguramente gracias a eso, han ganado. A ver si por fin las academias se enteran de que no se trata de homogeneizar culturas, cantar cosas en inglés de estribillo pegadizo y montar una coreografía con macizorras. Sobre todo, no se trata de crear una canción que vaya a gustar a los jurados; la música no va de eso. Hay que ser original, arriesgarse al rechazo, sorprender y creer en lo que uno ha hecho porque es lo quiere y porque cree que es bueno. Y luego defenderlo.
Cualquiera diría que me importan algo los concursos estos. Simplemente, es un buen exponente de la música actual: un mercado en el que las composiciones se diseñan pensando en el cliente que lo va a escuchar (el target, que le llaman) y todos ofrecen lo mismo porque es lo que se va a comprar. Con el papel fundamental de los medios de comunicación, claro. Por eso, que una cadena estatal se atreva a romper la tendencia es una buena noticia. Y mejor todavía la constatación de que hay vida fuera de la tendencia dominante y el público es sensible a ello.

12 mayo 2006

Madame Bovary

Hace tiempo que no hago una reseña literaria y no es porque no haya leído nada interesante, al contrario: sólo es "falta de tiempo", forma más moderna de la pereza. Así que qué mejor entretenimiento para un viernes por la noche que escribir unas líneas sobre Madame Bovary.
Compré el libro hará un par de años, después de oír a Juan José Millás unas cuantas veces decir que lo realmente subversivo sería, en vez de botellones, romper cabinas y mear en las esquinas dibujando símbolos anarquistas (cito de forma completamente creativa), quedarse un sábado en casa leyendo la obra de Flaubert. Andaba por la Casa del Libro buscando algo en lo que gastar unos eurillos cuando di con una edición barata de la citada novela. Debí haber sospechado de un libro que no llegaba a los cinco euros por más de cuatrocientas páginas, pero sólo pensé que a ese precio podía comprar más libros. Después de aquello, el libró vagó por diferentes estanterías de casa sin que me animara a abrirlo. Siempre aparecía otro más urgente, más apetecible. Hasta que después de los exámenes de febrero recuperé la fiebre lectora y me atreví a meterle mano. (Que nadie se extrañe de que use semejante terminología: basta con leer mi Introducción a la Lectura. Ah, es cierto, no lo he posteado por aquí. Cuando me encuentre con ánimos lo haré) Y, por darle el gusto a Millás, me quedé un par de sábados en casa leyéndola.

En fin. Empezaré diciendo que me gustó. A grandes rasgos, cuenta la historia de un médico de provincias y su esposa, la Madame Bovary del título, una mujer algo inconformista. Todo en un ambiente rural y anticuado, como corresponde a la Francia de mediados del XIX. Por algo le llaman novela decimonónica. El estilo es claro y preciso sin pecar de parco. Un ejemplo de lo que es escribir bien, si no fuera por la traducción que a veces chirría en unos giros muy extraños. De hecho, en ocasiones tuve la sensación de que estaba traducido de una traducción previa al inglés; será porque en francés hay formas de expresarse parecidas. Cosas del contagio entre lenguas.
La trama no es especialmente absorvente: no hay un ritmo frenético, ni situaciones tensas que te hacen correr de un capítulo a otro, ni giros inesperados. Aún así, consigue enganchar a base, precisamente, de contar bien una historia. A pesar también, de unos personajes que no consiguen despertar ninguna simpatía. Lo cual no quiere decir que sean planos, ni mucho menos. Simplemente, no hay ningún héroe, nadie a quien admirar:
El médico Bovary es un tipo mediocre que aprobó los exámenes de Medicina a duras penas y porque su madre le insistió. Luego se casó, de nuevo gracias a su madre, con una viuda que parecía rica y que murió poco después sin dejar nada. Soltero de nuevo, se enamora de la hija de un granjero y se casa con ella. Como médico, es capaz de curar resfriados, entablillar huesos rotos y poco más. Encima, su mujer no le ama y el tipo es tan calzonazos que sigue completamente entregado, y se diría que ajeno.
La señora Bovary es hija de un pequeño terrateniente que se ha criado en un internado entre clases de piano y novelas rosas que le hacen imaginar un mundo que nunca encontrará en su vida. Se casa con un hombre al que no está segura de amar, pero, oye, es médico y parece buena persona. Termina por exasperarle que el tipo sea tan pánfilo y le toma una tirria tremenda, hasta el punto de buscarse algún que otro amante. Se muere por llevar un tren de vida alto, pues cree que esa vida edulcorada que ella busca está en la aristocracia y quiere aparentar, lo que le acabará llevando a una espiral de deudas que dejarán la casa en la ruina.
El farmacéutico, Homais, es otro al que le encanta tener buena fachada. Siempre atento a opinar para que se note lo inteligente y leído que es, tiene debilidad por las discusiones teológicas contra el párroco.
Así podríamos seguir: nobles con amantes de usar y tirar, ladinos prestamistas y otros entrañables ejemplares, pero mejor os dejo algo para cuando leáis la novela. Ninguno de los personajes como digo, busca caer simpático al lector: unos son odiosos, otros dignos de lástima, el de más allá anodino, el siguiente afectado. No he empatizado con ninguno de ellos, ni siquiera con los más débiles, pues generalmente se granjean su desgracia a base de mucho trabajo o mucha desidia. Hecho interesante, pues supone un interesante cambio en la forma de narración: la figura del antihéroe no aparecería hasta tiempo después y, aún así, suele ser una persona normal, con la que puedes indetificarte en sus defectos y simpatizar.

A pesar de lo que haya podido parecer, una lectura muy recomendable.

06 mayo 2006

París (II)

Amanece en París. Un hotel de cuatro estrellas que en España no pasaría de pensión. En la callecita en la que está situado, a pesar de ser sábado, comienza a haber actividad: abre la panadería, la carnicería, la pescadería, el frutero expone la mercancía en la acera. Resulta que esto no es algo extraño: en la capital francesa se conserva el comercio de barrio. Incluso hay librerías, una cantidad de librerías especializadas en cualquier tema que resulta inimaginable en Madrid, donde pocas tiendas resisten a la proliferación de centros comerciales y franquicias. Una ciudad que ha sabido hacerse moderna sin renunciar al pasado y la tradición: añade, no sustituye.
Para conocer una ciudad, nada mejor que caminar por ella. Si no, uno acaba con recuerdos aislados que no tiene del todo claro cómo unir. Por eso bajamos desde el hotel caminando hacia el Sena por la calle Richelieu. De camino, un monumento a Molière. Y un poco más alante, pasada la Biblioteca Nacional (aquí parece que cada edificio guarda un pedazo de Historia), el Palais Royal, con sus agradables jardines. Nos asomamos al Louvre ya que estamos allí, pero no vamos a desperdiciar una soleada mañana parisina en un museo.
Pirámide Louvre
Salimos a la orilla del Sena y nos dirigimos hacia la Île de la Cité, pasando por el famoso Pont des Arcs. Cruzando el puente más antiguo de París, de ahí que le llamen Pont Neuf, se llega a la citada isla, donde se encuentra la Saint Chapelle, bonita por fuera y muy decorada por dentro. No dudo que todas esas vidrieras y policromías sean buenas obras de arte, y en la Edad Media debían producir una sensación sobrecogedora; pero, hoy en día, a mí me resulta más bien tirando a hortera, todo muy excesivo. Soy de gustos más simples.
Frente al Palais de Justice se abre el atrio de Notre-Dame, una de las catedrales más importantes del mundo y paradigma del gótico. Una suerte que en Francia no les diera la manía de plantar el coro en medio de las catedrales; así se puede disfrutar de toda la perspectiva como fue concebida. Se puede subir a las torres por un módico precio y tras una ligera cola de una hora a la sombra. Nos turnamos para poder dar una vuelta alrededor de la catedral mientras tanto. La espera merece la pena: eternas escaleras de caracol, la habitación donde la Esmeralda de Víctor Hugo se refugiaba, gárgolas al alcance de la mano y unas preciosas vistas de París. Lo que da pie a una foto que, sin ser muy original, me gusta:
París desde Notre Dame
Detrás está la Isla de Saint Louis, más tranquila, más cercana a la realidad. Aquí se encuentra Quai D'Orléans, calle en la que viví un año y me trae numerosos buenos recuerdos. (Vaaale, no viví allí de verdad, formaba parte de la clase de francés tomar residencia ficticia en París.) Son las dos de la tarde, así que hacemos una incursión en una boulangerie para aprovisionarnos.
Con fuerzas renovadas proseguimos la marcha. Dirección: Arco del Triunfo. Por el camino, puestos de libros de seguna mano junto al río; el Hôtel de Ville, la iglesia Saint-Germain l'Auxerrois, de nuevo el Louvre con su pirámide, el Jardin des Tuileries, la Place de la Concorde con el obelisco que consiguieron llevarse de Luxor (el otro casi se lo cargan en el intento y lo tuvieron que dejar allí torcido), eso sí, muy bien explicadito el proceso de saqueo, y, por fin, los descomunales Champs-Elysées. Obligado acercarse al número 30, donde se alojó el conde de Montecristo durante su estancia en París. A mitad de avenida, paramos en un café a beber algo y tomar resuello. Todo a un precio risible (por no llorar).
Al fondo, finalmente el Arco del Triunfo, con todas las victorias del ejército napoleónico. De derrotas, como en el caso de Nelson, no hay noticia.
Para acabar la tarde, una visita a la Torre Eiffel. Una cola de tres pares de narices para subir, ya sea en ascensor o andando. Menos mal que me he traído el MP3 y el amigo Wilco me acompaña mientras me entretengo haciendo cienes y cienes de fotos de la estructura que no subiré para no torturaros (más).
Torre Eiffel desde abajo
Encima, una vez consigues llegar a la taquilla (apenas hora y pico; aún quedaba Kicking Television para rato) te dicen que no puedes sacar billete para el último piso, que eso, a pesar de lo que dicen las pantallas luminosas, se compra en (otra cola en) el segundo piso.
En fin. Desde arriba hay una vista vasta y espectacular (y hace un fresco destacable). Me pongo a hacer pruebas con la panorámica de la cámara y aquí tenéis los resultados. Como se puede comprobar, no lo domino mucho, y el posterior pegado en Photoshop tampoco. La segunda tirada está algo más trampeada, pero también queda más decente. Estaría bien ponerlas algo más grandes, pero Flickr y Blogger se niegan. De modo que, si os interesan (me imagino que esto traerá un avalancha inmanejable de peticiones), no tenéis más que pedírmelas.
Bajamos de las alturas cuando ya anochecía y, por primera vez, nos permitimos tomar el metro. En conjunto, calculo en Google Maps que el recorrido fue de unos 20 km., lo que no incluye las agotadoras horas de espera en pie. Qué dura es la vida del turista.
Cerca del hotel habíamos visto por la mañana un apetecible restaurante en el que servían fondues. Nos zampamos una de carne con una enorme fuente de patatas fritas -lástima que no le hiciera una foto. La cena es tan tranquila y se está tan a gusto en este sitio que nos cuesta llegar despiertos a los postres.

03 mayo 2006

París (I)

Ayer regresé de mi pequeño viaje al otro lado de los Pirineos. La primera vez que voy a París (dudo que sea la última), en una visita rápida pero suficiente para conseguir algunas ideas generales. Para no hacerlo demasiado pesado -y más cómodo para mí al poder escribir poquito a poco- lo voy a separar en varias entregas. Y qué mejor que empezar por la llegada.

Siempre está bien alejarse un poco del terruño para ver cómo se hacen las cosas en otros lugares. Puede servir, por ejemplo, para ver que las cosas que sólo pasan en España también ocurren en otros países. Me explico. Aeropuerto Charles De Gaulle, sobre las 22.30 de un viernes de finales de abril. El avión ha llegado prácticamente en el horario previsto. Salimos atravesando pasarleas y pasillos con aspecto muy moderno, cruzamos unas puertas automáticas que, no sabemos muy bien para qué, sólo se pueden cruzar de uno en uno. Llegamos a unas escaleras y la gente no baja. Apelotonamiento. En el hall de abajo, soldados con metralleta, policía. Más de media hora allí de pie sin recibir ninguna explicación, vigilados por el ejército. Por fin, una responsable del aeropuerto coge un megáfono y explica, en lo que supongo que es un perfecto francés, que hay una maleta "sospechosa" de un vuelo anterior que no ha sido recogida y que la zona está acordonada. Los que no tengan equipaje que recoger pueden irse. Ni una sola palabra, no ya en español, lo cual sería un detalle para un vuelo proviniente de España, sino que tampoco en inglés. Un rato después, vuelve a tomar el megáfono para decirnos que pasemos a la siguinte sala. Sin bancos ni nada esperamos con el agradable ruido de un martillo hidráulico de una obra cercana. Para no echar de menos Madrid. En todo este tiempo no son capaces de llevar nuestras maletas hacia otra cinta, otra sala, y además siguen llegando vuelos. Por supuesto, una maleta que ha llegado entera de un viaje en avión, que, como todo el mundo sabe, es el colmo de la delicadeza con las bolsas, no puede ser tocada, no vaya a ser que pase algo. De vez en cuando, un tipo con pito, con silbato, quiero decir, nos lleva, como un rebaño, un poco más lejos.
23.45. La maleta sospechosa ya no es un problema y podemos pasar a recoger el equipaje. Una sala con varias cintas transportadoras sin ninguna pantalla que indique de qué vuelo provienen. Es que lo de Madrid ya no está dando vueltas en la cinta, sino formando una fantástica montaña en el suelo de la que cada uno debe desenterrar como pueda lo suyo. Que cada perro se lama su pijo y maricón el último. Menos mal que estamos en un país europeo.
Pero la cosa no queda ahí. Quedan menos de diez minutos para que salga el último tren hacia París. Carrera por la terminal hasta la estación. Las taquillas, a estas horas intempestivas, están ya cerradas, así que hay que usar las máquinas expendedoras. Éstas no aceptan efectivo (no se sabe por qué), sólo tarjeta. Pero ojo, tarjeta de crédito francesa. Lo cual, para un aeropuerto internacional, es todo un detalle. Así que allí estamos unos cuanto extranjeros completamente frustrados e impotentes, viendo que el tren ya ha llegado y no podemos comprar el billete. ¿Solución? Colarse, qué remedio. Por suerte, igual que no hay taquilleras, tampoco hay vigilantes ni revisor. El único problema es que en la estación de destino vuelve a hacer falta el billete para salir. Nada como hacerse el tonto para conseguir que te abran la puerta sin ticket.
Aunque, claro, a estas horas ya no hay forma de hacer trasbordo y hay que buscar un taxi que nos lleve al hotel. 10€ por un trayecto de cinco minutos. Cosas así sólo pasan en nuestro país.

26 abril 2006

Metro de Madrid, huela

Empiezan los calores, y eso se nota especialmente en nuestro querido suburbano. Si ya en invierno tiene una atmósfera cargada, en cuanto suben un poco las temperaturas la cosa se acerca más a sofocante. Obreros, gente que viene de hacer deporte o, directamente, tipos que se preocupan realmente poco por la higiene (¿es personal si puede afectar a tantas personas?), unidos a un sistema de renovación de aire poco eficaz, hacen esta situación posible. De aire acondicionado ni hablamos. Eso se reserva para congelarnos en los autobuses en agosto.
Por si fuera poco, la cosa se complica con las aglomeraciones de los últimos días: unos porque hay huelga, otros porque sí, porque puede haber averías en el momento más inesperado. Gracias por dejarnos sentir un poco de calor humano.
Otra cosa que tampoco acabo de entender, este tipo de huelgas consistentes en causar molestias al cliente, en vez de al empleador. ¿Les importará mucho a los jefes que la gente vaya algo más apretada que de costumbre y llegue a sus destinos con retraso? Al final, o la montan los usuarios, como en la última huelga de autobuses, donde se acabaron amotinando y agrediendo a algún conductor, o los de arriba ni se inmutan. ¿No sería mejor hacer una huelga de verdad? Vale cualquiera de sus variantes: a) parar completamente el servicio de metro o, b) que funcione todo con normalidad, o incluso bien, pero, por ejemplo, no cobren al usuario. Aunque esto seguro que no es competencia suya, y así pueden hacer sus huelgas por un lado los conductores, por otro los taquilleros, por otro los de seguridad...

PD: no soy muy dado a los titulares ingeniosos (prefiero intentar hacerlos inteligentes), pero en esta ocasión no he podido resistirme.

25 abril 2006

Yo también amo a Laura


La última frikada que triunfa en internet. Si Laura es la de azul, yo también la quiero, aunque no sé si aguantaría hasta el matrimonio. Otras teorías proponen que los cuatro aman a Laura, y lo que esperan es que con este gobierno de rojos se legalice la poligamia.
Que en realidad sea una campaña de MTV es lo de menos.

21 abril 2006

Acoso

Buscando información sobre la expresión sexual assault para traducirla en la entrada anterior, Google de nuevo me lleva a otro gran hallazgo: una página del U.S. Department of Health and Human Services, el equivalente al Ministerio de Sanidad, en dónde explica a las mujeres qué es eso del "asalto" sexual (no sé si es del todo correcto traducirlo por acoso):
Sexual assault and abuse is any type of sexual activity that you do not agree to, including:
  • inappropriate touching
  • vaginal, anal, or oral penetration
  • sexual intercourse that you say no to
  • rape
  • attempted rape
  • child molestation
Bueno, hasta ahí vale. Es parecido al concepto de acoso que tengo. Pero es que luego siguen:
Sexual assault can be verbal, visual, or anything that forces a person to join in unwanted sexual contact or attention. Examples of this are voyeurism (when someone watches private sexual acts), exhibitionism (when someone exposes him/herself in public), incest (sexual contact between family members), and sexual harassment
Chupa del frasco. Tirarte a tu hermana también es delito (un tabú, no del todo absurdo, bastante antiguo). Incluso seguramente ir desnudo por la calle sea una agresión, sin ser especialmente deforme ni nada. Me suena (hasta ahora creía que era leyenda urbana) que hay estados en los que si te ven practicando el sexo en tu casa también puede ser ilegal, por no echar la cortina. Degenerado.
A continuación, nos ofrecen unos útiles consejos (selecciono los mejores):
  • Never leave your drink unattended — no matter where you are. Date rape drugs make a person unable to resist assault and can cause memory loss so the victim doesn’t know what happened.
  • Lock your door and your windows, even if you leave for just a few minutes.
  • Be wary of isolated spots, like underground garages, offices after business hours, and apartment laundry rooms.
  • Avoid walking or jogging alone.
  • Never hitchhike or pick up a hitchhiker.
  • In case of car trouble, call for help on your cellular phone. If you don’t have a phone, put the hood up, lock the doors, and put a banner in the rear mirror that says, “Help. Call police.”
Todo muy útil, sí, para aumentar la paranoia estadounidense: cualquiera en cualquier momento te puede atacar. No te fíes ni de los amigos, convierte tu casa en una fortaleza, no camines solo (aunque tampoco te puedes fiar de la gente conocida); vigila siempre a tu alrededor, porque te puede caer cuando menos te lo esperas.

Examen sinusal gratuito

Reuters nos regala, a través de la página personalizada de Google, una de esas historias que sólo pueden pasar en EE.UU: Phony doctor gives free breast exams. Algo así como "falso médico ofrece exámenes de mamas gratuitos". Lo sorpendente no es eso, sino que al menos dos mujeres de treinta y tantos aceptaron cuando un tipo de 76 años se presentó en su puerta y les pidió que se desnudaran para un examen médico gratuito. Eso sí, una de ellas sospechó cuando el hombre empezó a tocarle los genitales sin guantes. Así que ya sabéis: si queréis ir fingiendo reconocimientos médicos por las casas de universitarias americanas, hacedlo con guantes, que si no puede resultar sospechoso. Y encima te acusan de abuso sexual, o algo así. ¡Pero si se habían dejado!
Es como el mail aquél que te advertía de que si llegaba un hombre a tu puerta diciendo que hacía una encuesta para Chupa-Chups y te pedía que le chupases la polla era mentira, pues en realidad trabajaba para Sugus: resulta que hay sitios en los que la gente se lo cree.

18 abril 2006

Entre tanto, remar

Es posible que últimamente escuche demasiado a Nacho Vegas. También es cierto que he dado una vuelta de tuerca más a la interpretación de sus canciones. Primero, la alegre tristeza que desprenden muchas de sus composiciones, música alegre y letras tristes. Segundo, amargura: todo tiene un brutal toque irónico, más cercano al sarcasmo o la sátira, que no deja títere con cabeza, empezando por él mismo (uno mismo), todo desprende un polvo gris, cualquier cosa buena esconde una mala. Sería difícil sobrevivir en semejante mundo si no fuera por los viajes al jardín de la duermevela. Ahora, esperanza. Quizá sea distanciamiento personal, quizá forme parte de las propias palabras, del propio distanciamiento necesario para escribir tan desde dentro, pero tras esa amargura se esconde una suerte de fatalismo vitalista, o vitalismo fatalista, si es que una conjunción tan extraña se puede dar. Aunque espere que tras esta vida no haya nada más, aunque lleve tatuado en el pecho PERDEDOR, aunque no haya droga capaz de matar todo ese dolor, lo ha pasado bien y ha trazado un ambicioso plan, que consiste en sobrevivir (dicen que en el amor siempre hay un vencido y un vencedor, pero no hay más que supervivientes). De todas formas, no es tan largo el camino ni tan lento el dolor. Y, entre tanto, remar.

06 abril 2006

Qué ciudad

Lugar: La Riviera, Madrid
Día: 24 de marzo de 2006
Hora: 21.00
Culpable: Iván Ferreiro y otros artistuchos

Empezó puntual el espectáculo porque traían un programa apretado. La Riviera, aunque se habían agotado las entradas, no me pareció tan llena como en otras ocasiones. Quizá es sólo que estaba menos metido en el mogollón que de costumbre. Arrancaron, como dos semanas antes, con Días extraños y Santadrenalina. De hecho, el repertorio fue bastante parecido, aunque cambiando algo el orden. Cabe destacar la inclusión de Piensa en frío, gran tema que tendrán que grabar en algún momento. Lo malo es que con estos temas no publicados y las versiones parte de la gente se ponía a charlar, como si aquello fuera un bar. Hacia el final del concierto empezaron las "sorpresas": Iván invitó a Lisandro Aristimuño a cantar y tocar Ciudadano A, aunque debo decir que, desde mi posición, su aportación resultó... infinitesimal. Inapreciable. Encima, se perdió en gran medida la potencia guitarrera del final. Poco después empezaron a sonar unas notas conocidas... no puede ser... ¡Diecinueve! Y, por si fuera poco, se une Miguel Rivera, el cantante de Maga. Aprovecho para dar unos botes orgulloso con mi camiseta del grupo sevillano. Suena La distorsión; en esta segunda escucha me gusta mucho más, pero sigue sin ser una canción para acabar un concierto. Claro, si todavía no han tocado La Canción. Efectivamente, para cerrar la actuación, Turnedo. Y en ese maravilloso popurrí en que desemboca suben al escenario los invitados anteriores y Xoel López, aka Deluxe, que añade toda su clase y alguna canción de su repertorio. Saludan y se van, pero el público quiere más. Grita, canta, silba durante unos cuantos minutos, hasta que la banda no tiene más remedio que volver. Pero cuando estamos a punto de relamernos pensando en lo que se avecina, Iván toma el micro y nos dice que lo siente mucho, pero son las once y no pueden tocar más. No quiere que cierren otra sala. ¿Qué clase de ciudad es esta en la que la mayor sala de conciertos debe callarse a las 23.00 porque si no la denuncian? Además, los menores de edad no pueden asistir a estas actividades culturales, el ayuntamiento persigue a los locales hasta asfixiarlos, ir con una lata de cerveza abierta por la calle es delito... Asco de ciudad.

03 abril 2006

Confesión

Sí, confieso: fui educado en la LOGSE. Quizá haya conseguido engañar a alguno a lo largo de mi vida luciendo una cierta pátina cultural, o dándomelas de cultureta directamente, pero es todo mentira; y, lo poco que de verdad haya aprendido, fue todo fuera de la escuela.
De hecho, como todo el mundo sabe a estas alturas, lo del colegio era una tapadera: los niños y adolescentes teníamos a los padres convencidos de que íbamos al colegio o instituto, lugares de enseñanza, pero, gracias al PSOE y su ley, pasamos allí años sin que una sola idea consiguiera penetrar en nuestras duras molleras. En Primaria nos tuvieron que enseñar a leer y escribir y las cuatro reglas para disimular más que nada. Habría resultado demasiado llamativo para nuestros progenitores. Sin embargo, una vez alcanzados esos niveles básicos, las clases se convirtieron en una pantomima: los profesores se encerraban durante una o dos horas con los alumnos sin hacer realmente nada.
En Geografía no llegamos a estudiar siquiera la Península, mucho menos esos países extranjeros con nombres tan raros.
La Historia era siempre una versión descafeinada, apocada, sin batallas ni esas cosas violentas; la profesora andaba pidiendo perdón cada dos por tres por las tropelías cometidas por nuestros antepasados. De la Guerra Civil, lo que vino después o lo de después de aquello (perdonen, es que ni sé el nombre) ya ni hablamos.
En Matemáticas nos pasábamos el día intentando sumar peras con manzanas, así que cuando empecé una ingeniería en la que integrar y derivar era el pan nuestro de cada día me encontré completamente perdido, suspendiendo álgebra y cálculo convocatoria tras convocatoria.
Lengua y Literatura fue de lo más penoso: nos habían enseñado a escribir, pero no continuaron con las reglas de acentuación, menos aún con puntuación, sintaxis, redacción fluida o algo parecido. Si aquí se me escapa alguna construcción correcta y sin faltas de ortografía es por el corrector de Word, que como todo el mundo sabe, no deja pasar una. En cuanto a los libros, no sólo no nos obligaban a leernos un libro al mes más otro clásico cada trimestre (Delibes, el Lazarillo de Tormes y ese tipo de best-sellers de usar y tirar), sino que nos recomendaban que leyéramos lo menos posible, pues está demostrado que es nocivo para la vista. De Historia de la Literatura nada, por supuesto. El año pasado me enteré de la existencia de un tal Cervantes que había escrito un libro muy gordo gracias a la tele, en la que hablaban todo el rato de ese señor no sé muy bien por qué, si se había muerto hacía mucho. Al final me entró curiosidad y lo intenté leer, pero me pareció una mierda y lo dejé sin acabar el primer capítulo.
Teníamos también una clase que primero se llamaba Ética y luego Filosofía en la que una profesora hablaba de cuestiones que a nadie le importan, de modo que no le hacíamos mucho caso; quiero decir, todavía menos caso que a los demás. Seguramente, una de las mayores pérdidas de tiempo de mi edad escolar. Como nadie nos había enseñado a pensar, nunca surgió ningún tipo de discusión en clase ni seguimos hablando jamás de esos temas fuera de las aulas.
Encima, dado que las asignaturas de Letras están discriminadas, las de Bellas Artes también y las de Ciencias no son menos (ya digo que todo era en realidad una coartada para juntarnos en los recreos a jugar al fútbol), he acabado sin tener unas nociones mínimas de latín (lo de los griegos, con el alfabeto ese tan raro que tienen ya es imposible), haber dibujado un jarrón o escuchado a Bach en mi vida. Y cuando leo en el periódico, perdón, veo en la tele una noticia sobre avances genéticos, experimentos físicos sobre la naturaleza del universo o la estructura de la materia no tengo la menor idea acerca de qué rayos están hablando.
Ahora que ya he terminado, sólo quiero que me dejen hacer botellón en paz.

29 marzo 2006

We create, we destroy

Llevo unos días algo desaparecido, pero no creáis que es todo tiempo desaprovechado; no todo son fiestas y conciertos. A raíz del comunicado de ETA, he estado realizando un trabajo de campo, de inmersión en blogs y foros de derechas. Por ahora sólo como lector, intentando comprender, saboreando el ambiente. Seguramente esto no lleve a ninguna parte, pero es que es un mundo fascinante, absorbente.
Uno de los sitios de referencia, aparte de Libertad Digital y "periódicos" del estilo, es HazteOir.org, descubierto gracias a los chicos del Manifestómetro. A pesar de lo que pueda parecer por el nombre, no es una plataforma para llevar la voz de los ciudadanos a las altas esferas, sino una organización que te cuenta las noticias (siempre tratadas desde un particular punto de vista) y a continuación lo que tienes que opinar y exigir. No tienen desperdicio las encuestas que aparecen en la barra derecha, tan fantasiosas como ésta:

¿Cuál de éstas debería ser la prioridad del Gobierno de Zapatero en estos momentos?



Más vivienda, más trabajo, ayudas a las familias82 % 82.55% (653)
Retirar estatuas de Franco y de José Antonio1 % 1.64% (13)
Reconvertir el Valle de los Caídos en un museo1 % 1.64% (13)
Trasladar los papeles de Salamanca a Cataluña1 % 1.39% (11)
Casar gays y lesbianas y darles niños en adopción5 % 5.69% (45)
Darle a Polanco más emisoras y canales de TV1 % 1.39% (11)
Sacar la religión de las calles y de las escuelas3 % 3.29% (26)
Hacer homenajes a Santiago Carrillo y a sus amigos2 % 2.40% (19)


Pero aún mejor es visitar los foros, donde se producen hipnotizantes discusiones, o más bien orgías onanísticas, si es que algo así existe; o, usando terminología de Tarantino, se chupan las pollas unos a otros. Para situar sus ideologías en el mapa, baste decir que se definen como "humanismo cristiano", algo que así en principio podría estar bien; aunque luego resulta ser más bien humanismo católico emplazado a la derecha del PP. Últimamente Rajoy les parece un tipo centrista y laico (!!). No quiero calificar más; sólo animar a que os déis una vuelta por el lugar, a que salgáis de la burbuja y os adentréis al otro lado de la valla.Tampoco tienen desperdicio los blogs del anillo. Sin ir más lejos, los recomendados en HazteOir.org, como, por ejemplo, Cómo ser de derechas y no morir en el intento. El título me hizo ilusionarme por un momento creyendo que sería razonable; luego pensé de dónde venía el enlace y, al leer, constaté lo que era. Del palo de Monclovitas y otros sitios, como digo, del anillo. Basta seguir los enlaces que aparecen en las propias bitácoras.

Y nada, que no hay manera. Llevo una semana deambulando por esos áridos desiertos y no he encontrado un solo oasis de ideas frescas. No diré que tienen un olor rancio, a llevar bastante tiempo encerradas, porque sería demasiado tópico; aunque sí que no he encontrado argumentos convincentes, sino una serie de lugares comunes que todos aceptan. Cualquiera que disienta ligeramente es tachado de troll o, peor aún, de "talante". (Yo, en mi ignorancia, creía que era un sustantivo y que el adjetivo, aunque poco usado, era "talantoso"; bueno, me voy acostumbrando a errar.) Por no hablar de los obvios rojo, masón, progre, pro-homosexual (o algo así). La verdad es que el lenguaje se acaba pareciendo espeluznantemente a esas absurdas izquierdas a las que se les llena la boca de grandes palabras.
En fin. Cita del día, que ya he leído recientemente a dos poetas, Caballero Bonald y Ángel González, ambos masones, algo apátridas, calvos y, encima, canosos:
Patria, palabra triste, como termómetro o ascensor
(Pablo Neruda)

22 marzo 2006

Titulares

Buen día para darse un paseo por los distintos periódicos digitales (y blogs, ya de paso) y así distinguir a los periodistas de verdad (aunque no sean buenos) de la simple gente que publica "noticias". Que cada uno busque sus ejemplos.

21 marzo 2006

Desafortunado en el juego...

... afortunado en amores. O eso es lo que me decían de pequeño cuando perdía en los juegos de mesa. Para suplir el poco cariño que me tenía el azar, tuve que desarrollar cierto ingenio y estrategias de juego. Pero a veces ni por esas. No hay estrategia capaz de vencer la buena suerte del contrario.
El consuelo que me ofrecían, me resultaba completamente estúpido. ¿Qué tenía que ver una cosa con la otra? Y, aún más, ¿para que me servía a mí el amor, si yo lo que quería era ganar aquella partida de cartas? Ahora, en cambio, que el asunto sí que tiene cierto interés para mí, me encuentro unos solomillos de primera mano... hago tute, consigo cincos para sacar la ficha del parchís en seguida, campo por el tablero del Risk a mis anchas... pero de las mujeres hace demasiado tiempo que no tengo noticias.
En fin, a lo que iba: me han tocado dos entradas para el concierto de Iván Ferreiro este viernes. ¿Alguna interesada?